Vamos a hablar de la libertad. Pensar algunas derivas sobre la libertad y que implica ser libres
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Vamos a hablar de la libertad. Pensar juntos algunas derivas sobre libertad y que implica ser libres.
Creo que la idea de libertad está muy ligada a la idea de independencia. No depender del cigarrillo en mi vida diaria fue un incentivo mucho más fuerte que cualquier argumento de salud para que lo deje. Dejar el cigarrillo me hizo más libre. Logré, al menos por ahora, romper las ataduras de dependencia. Digo por ahora porque esta libertad que conquisté, se que puede ser transitoria. Porqué. Porque demanda esfuerzo. Demandó en su momento un aprendizaje, y hoy un esfuerzo, como si de un mantenimiento se tratara.
Claro que mi ejemplo es en términos de adicciones. ¿Pero no es de esto de lo que hablamos últimamente en esta columna? la relación de dependencia entre ciertos dispositivos tecnológicos, el diseño adictivo de las apps y las plataformas. Ciertamente, estas adicciones no cuentan con el rechazo social que hoy tiene el cigarrillo. Pero hay algo que está empezando a molestar.
Por otro lado también hablamos de libertad, de software libre, de hardware libre. De movimientos culturales y tecnológicos que se embanderan en la libertad como valor primero.
Les propongo reflexionar acerca de que implica esa libertad. Si es un horizonte a alcanzar, si es algo que me tienen que dar, o si es algo que tenemos que conquistar.
Una libertad regalada, tiene aparejada una deuda. Y una deuda nos ata. Pareciera ser que la libertad es algo que si no se busca activamente, no se alcanza. Y si no se hacen cosas para sostenerla, no perdura.
Ser libres entonces demanda trabajo. ¿Aceptamos este esfuerzo? o dicho de otra forma ¿Estamos dispuestos a hacer un esfuerzo para ser más libres?
Esta columna quiere hablar de tecnología, ciencia y eso que nos pasa con todo esto. Y venimos cuesta arriba, identificando las dificultades de nuestro día a día mediado por las tecnologías. Sin embargo, hay un camino bello en la producción tecnológica. Un camino que no intenta atarnos, que busca la libertad individual y colectiva, que apunta a hacer y compartir. Pero como toda búsqueda de libertad, demanda esfuerzo.
Es en este marco en el que voy a traer las cosas lindas de este mundo tecnológico que nos acosa.
¿Por donde empezar entonces? Como todo, hay muchos puntos de entrada, les propongo un par de programas para ir explorando juntos esos caminos.
Vamos a hablar de mi servidor propio. Un servidor es una computadora que está prendida todo el día y que nos da servicios. Qué servicios, bueno, todos los servicios que usamos en un celular se alojan en un servidor de una empresa.
Cuando sacamos una foto y la “subimos a la nube”, ese subir es simplemente guardar la foto en la computadora de Google o Instagram. Nada más que eso. Y podemos acceder a ella porque está en la computadora de ellos, no en la nuestra. Tan simple como eso, La Nube, es la computadora de otra persona. Y sí, nos da muchos beneficios, sacamos fotos con el celular y para que no se pierdan las guardamos en la nube.
Escribimos un texto y para compartirlo lo subimos al Drive (la computadora de otra persona). Escuchamos música en Spotify, armamos las listas, guardamos los discos que nos gustan y todo eso está en la computadora de una empresa. Es más no tenemos esa música, la alquilamos. Ya sea pagando una suscripción o sometiéndonos a su propaganda.
Y que tal si tuviéramos un servidor propio. Una computadora en casa que nos de servicios similares, nos permita compartir archivos. Guardar nuestras fotos, música y videos.
Bueno, esto hoy es más accesible de lo que creemos. Solo demanda: la computadora (obvio) y aprender como configurar y mantenerla.
¿Por dónde empezar entonces? Les propongo dos opciones de hardware y una de software para ir explorando juntos.
La Raspberry Pi#
Una computadora del tamaño de una tarjeta de crédito, de bajo consumo, silenciosa, que puede quedarse prendida en un rincón de la casa sin molestar a nadie. La versión actual, la Raspberry Pi 5, arranca en alrededor de 60 dólares en su configuración básica, en Argentina tenemos que sumar la importación: en Mercado Libre la versión de 8GB ronda los 134.000 pesos. Vale la pena buscar en grupos de electrónica o ferias de hardware, donde suelen aparecer a mejores precios.
En cuanto a la curva de aprendizaje: es la opción más popular, tiene una comunidad enorme y muchísima documentación. El primer arranque requiere instalar el sistema operativo en una tarjeta SD, conectarla a la red y configurar algunas cosas básicas desde la terminal. No es inmediato, pero tampoco es imposible. Hay tutoriales en castellano muy buenos. Uno que recomiendo en particular es el deRaspberry Pi para torpes, que tiene guías paso a paso para exactamente este tipo de proyectos.
La ZimaBoard 2#
Más potencia. Tiene un procesador Intel N150 de cuatro núcleos, diseño sin ventilador, completamente silenciosa, con dos puertos SATA para discos rígidos y dos puertos de red. Está pensada desde el principio como servidor doméstico. El precio directo del fabricante es de 279 dólares para el modelo base y 349 para el de más memoria. No es barata, pero viene con ZimaOS preinstalado, un sistema operativo con interfaz web sencilla que ten permite levantar servicios con pocos clics. Configurar un servidor o una nube personal en minutos, no horas, y no requiere saber mucho de Linux.
La curva de aprendizaje es notablemente más suave que la Raspberry Pi para alguien que recién empieza. La contra es el precio y que es más difícil de conseguir en Argentina: hay que importarla o buscar en grupos de importación colaborativa. Pocho tiene una serie de videos muy buenos para empezar.
Syncthing#
Ahora bien, tener la computadora es solo la mitad. El software es lo que la hace útil. Y acá quiero presentarles Syncthing. Es una herramienta de código abierto que permite sincronizar archivos entre diferentes dispositivos: computadoras de escritorio, portátiles, celulares, dentro de una red local. Es multiplataforma, y eso le da un potencial enorme.
Las fotos del celular, los documentos del trabajo, la música, todo puede sincronizarse directamente entre el teléfono, la computadora y el servidor en casa. Sin Google. Sin Dropbox. Sin la computadora de otro.
Tiene cliente para Windows, Mac, Linux y Android, y se configura desde una interfaz web que puede estar en español. No es instantáneo de configurar, hay que entender la lógica de cómo conecta los dispositivos, pero es mucho más sencillo de lo que parece.
Algunos recursos en castellano:#
- Junco TIC (https://juncotic.com): guía completa y actualizada de Syncthing en español, muy clara.
- Raspberry Pi para torpes (https://raspberryparatorpes.net): tiene una guía específica de Syncthing sobre Raspberry Pi.
- YouTube: buscar “Syncthing tutorial español” da varios resultados útiles.
- Pocho Lab tiene mucha info sobre servidores caseros: https://youtu.be/cmfDj_T-hjE?si=8b95VamRQ3V5-tFq
En las próximas emisiones vamos a seguir sumando herramientas: Tailscale para acceder al servidor desde cualquier lugar, e Immich para gestionar las fotos de toda la familia sin cederle esas fotos a nadie. Pero por hoy, con esto ya tenemos para explorar.
