Hace mucho que no termino un libro. Me gustó. Tiene, como todo, sus altos y sus bajos. Tiene análisis sesudo y tiene también una idea que es una especie de nostalgia futura, por lo tanto, apuesta a la paradoja. Apuesta a la esperanza de lo inacabado.
Sin involucrarse en un programa, pero tirando ideas. Creo que por que sabe que ningún plan o programa resiste el primer contacto con el enemigo. Y también sabe, especulo, que nunca se ganó ninguna batalla sin tener al menos un par de ideas, un plan. El final me gustó. Porque recuerda y advierte. También porque, como dije antes, apuesta. No es un plan. Ni debería serlo jamás. No es un programa, mucho menos un manifiesto. Si lo fuera quedaría en el campo de la desesperanza. Es un conjunto de ideas, que quienes queremos participar en este mundo para construirlo, deberíamos sentarnos a charlarlas. ¿Una invitación al diálogo tal vez? eso sería atrevido. Ahora bien ¿Dónde las charlamos?
